Hace siglos, cuando los cartógrafos elaboraban sus mapas del mundo, tenían una forma muy peculiar de representar las zonas inexploradas y desconocidas por el ser humano. En estas áreas solían dibujar diferentes animales mitológicos y criaturas sobrenaturales para advertir a los marineros del peligro de esos lugares. Es una ilustrativa alegoría de una constante en nuestra historia: más allá de las fronteras del conocimiento humano, la superstición extiende sus brazos con fuerza. En medicina cuando, contra todo pronóstico, una persona afectada de cáncer se cura sin que los médicos tengan ninguna explicación al respecto, hay una idea que suele hacer acto de presencia: “¡Es un milagro!”.

Las supersticiones toman forma a partir de las creencias de las personas que se exponen a lo desconocido. Así, por ejemplo, las curaciones “milagrosas” tienen una importancia vital para la Iglesia Católica. Múltiples curaciones asombrosas en pacientes que padecían cáncer y que habían rezado a determinadas personas religiosas han sido claves para que se produjeran sus beatificaciones. Es el caso, por ejemplo, de San Ezequiel Moreno (santo español protector de los enfermos de cáncer), cuya santificación fue motivada por supuestas curaciones milagrosas en pacientes afectados por esta enfermedad. Fuera del ámbito religioso oficial, en un ámbito más místico y pagano, no pocas personas que afirman haberse curado espontáneamente de cáncer han aprovechado para vender o promocionar determinadas creencias espirituales, estilos de vida, dietas o tratamientos varios sin ninguna evidencia científica detrás.

Los médicos nos referimos a las curaciones “milagrosas” del cáncer como “remisiones (o regresiones) espontáneas del cáncer”. La definición oficial, establecida por los médicos T. Everson y W. Cole en 1956 dice así: “La desaparición parcial o completa de un tumor maligno en ausencia de todo tratamiento o con la presencia de una terapia que se considera inadecuada para ejercer una influencia significativa en la enfermedad neoplásica”.

La navaja de Ockham

Una usuaria de internet hace una búsqueda en Youtube de vídeos para curar el cáncer.
Una usuaria de internet hace una búsqueda en Youtube de vídeos para curar el cáncer. GEMA GARCÍA

Atribuir la remisión espontánea de un cáncer a un milagro vendría a ser el equivalente a ver luces en el cielo y pensar en platillos volantes (que ya no se ven, por cierto, en un mundo repleto de móviles con cámara). Que no sepamos la razón a priori, no es una justificación para dar explicaciones sobrenaturales y altamente improbables. En su lugar, siguiendo el principio metodológico de la navaja de Ockham, la hipótesis más simple es la que tiene más probabilidades de ser correcta. Y lo cierto es que la explicación con mayores posibilidades de ser correcta es esta: en raras ocasiones, ocurren procesos biológicos en el cuerpo de los pacientes afectados por cáncer que producen la eliminación de tumores ya avanzados.

Lo anterior no sería ninguna sorpresa. Ahora sabemos que, en el interior de todos nosotros y en varios momentos de nuestras vidas, se han originado células cancerosas. Que estas células evolucionaran o no a un tumor detectable dependía de los mecanismos de defensa de nuestro cuerpo y de la agresividad y la capacidad de adaptación de las células tumorales. En la absoluta mayoría de los casos, el microcáncer desaparece sin que tengamos la más remota idea de que tal feliz acontecimiento ha tenido lugar. La gran diferencia con las curaciones “milagrosas” de cáncer es que ocurren en unas fases mucho más avanzadas de la enfermedad e incluso tras tratamientos médicos convencionales que no han sido efectivos.

En los últimos años, la medicina se está tomando más en serio el estudio de las remisiones espontáneas del cáncer. No es solo por curiosidad: es probable que de su estudio podamos conocer estrategias novedosas para tratar el cáncer.

Frecuencia

La frecuencia estimada de curaciones espontáneas de cáncer es de un caso por cada 60.000 o 100.000 pacientes con cáncer, pero cierto es que no lo sabemos con certeza por múltiples razones. A pesar de que existen más de 1.000 casos de remisiones espontáneas de cáncer en pacientes descritos en la literatura médica, se estima que son una diminuta parte del total. Los médicos no suelen investigar con detalle ni publicar estos casos o bien los pacientes dejan de acudir a los médicos cuando la curación ocurre. Además, dado, que por suerte, casi todos los pacientes con cáncer reciben tratamiento médico, es muy difícil saber si la razón de la curación del cáncer ha sido otra que este tratamiento.

Sin embargo, sí que sabemos que las curaciones “milagrosas” no son tan raras. De hecho, hay casos documentados de remisiones espontáneas para casi cualquier tipo de cáncer (de mama, riñón, hígado, pulmón…). Además, para ciertos tipos de cáncer se observan más curaciones inexplicables (como el melanoma) que para otras. Así, por ejemplo, el neuroblastoma (un agresivo cáncer del tejido nervioso en adultos) desaparece espontáneamente en la mayoría de los casos cuando ocurre en niños de corta edad. Las remisiones parciales son mucho más frecuentes y que se estima que ocurre entre 2 y 4 casos por cada 1.000. No son milagros, son fenómenos biológicos que se escapan a nuestro conocimiento por falta de datos.

Hipótesis

Se sabe que el sistema inmunitario es un factor clave para combatir las células cancerosas. De hecho, cuando un tumor alcanza cierto tamaño suele ser porque las células cancerosas han logrado superar los ataques de este sistema. En las remisiones espontáneas de cáncer avanzado, podría ocurrir que existe algún estímulo al azar del sistema inmunitario que le llevara a atacar al cáncer con una nueva estrategia, produciendo su eliminación. Estos estímulos podrían ser cirugías, infecciones, fiebre, transfusiones… No obstante, en la absoluta mayoría de pacientes con cáncer que reciben estos estímulos no se producen curaciones espontáneas, así que hay algo que se nos escapa.

Precisamente, uno de los avances más potentes en el tratamiento médico contra el cáncer en los últimos años ha sido el desarrollo de diversas inmunoterapias. Se trata de echarle una mano al sistema inmunitario para que ataque a las células tumorales de forma más efectiva. Si pudiéramos conocer qué ocurre en aquellos casos que se curan espontáneamente y por azar, probablemente tendríamos más pistas para desarrollar nuevas inmunoterapias.

Otra hipótesis que explicaría las remisiones espontáneas de cáncer se basan en procesos de apoptosis (suicidio celular programado) de las células cancerosas que tienen lugar al azar. Otra explicación se basa en cambios en la irrigación sanguínea del tumor. Si por cualquier razón, los vasos sanguíneos que rodean al tumor desaparecen o disminuyen, el tumor puede terminar “asfixiado” por falta de oxígeno y nutrientes y así desaparece. También podría tener que ver con la aparición al azar de mutaciones espontáneas en el ADN de las células tumorales que favorecieran su eliminación, en lugar de su agresividad o supervivencia.

Decían en la película Minority report que “la ciencia nos ha robado muchos milagros”. No estaría nada mal que la ciencia médica robara otro milagro más, al explicar qué ocurre cuando un paciente se cura de un cáncer contra todo pronóstico. Habría menos lugar para la magia y más para el conocimiento y el avance de la medicina.