La decisión de Trump de reconocer Jerusalén como capital de Israel ha suscitado el rechazo unánime de los países de Oriente Próximo, cuyos lazos culturales y religiosos con Palestina hacen más cercano el problema. Dentro y fuera del mundo árabe, entre suníes y chiíes, ricos y pobres sin distinción, todos han condenado la medida. Sin embargo, la región no ha ardido este viernes al concluir el rezo de mediodía. Tras la palabrería de los gobernantes y la magra participación en las manifestaciones, se intuye tanto la brecha que les separa de sus poblaciones, como el desencanto e impotencia de éstas.

umpliendo el guión esperado, el imam de la plegaria del viernes en Teherán, el ayatolá Ahmad Jatamí (un ultraconservador sin relación con el expresidente del mismo apellido) ha hecho un llamamiento a que los palestinos se levanten contra Israel, a la vez que recordaba que los misiles iraníes pueden alcanzar ese país. La televisión estatal ha mostrado manifestantes en varias ciudades que coreaban “Muerte a Israel, Muerte a América” y exhibían carteles con la inscripción “Jerusalén es de los musulmanes”. Pero el zoom de las cámaras revelaba una baja participación, apenas unos centenares según las agencias.

El repudio a la medida de Trump ha unido en Irán (chií) a los moderados, que representa el presidente Hasan Rohaní, y a los ultras de la Guardia Revolucionaria (Pasdarán). Sin embargo, el desgaste del régimen surgido de la revolución de 1979 ha reducido a un mero eslogan la política oficial de oposición a Israel y apoyo a la causa palestina.