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La República Checa ha confinado a su población, aunque el gobierno insista en que no se trata de un confinamiento.

El país con más casos per cápita de COVID-19 de toda la Unión Europea ya no deja salir de casa a sus ciudadanos salvo para lo esencial y poco más, como ir a ver a parientes o pasear. Ha echado el cierre a centros comerciales y hoteles, mientras se ultima la preparación de un hospital de campaña con 500 camas ante la perpectiva de que el sistema sanitario colapse a mediados de noviembre.

En las 24 horas, el país ha registrado un nuevo récord de contagios, con casi 15.000 nuevos casos, lo que supone un aumento del 25 % respecto al día anterior.

Bulgaria también se prepara para el peor de los escenarios, tras una jornada en la que se han batido tres marcas negativas, de contagios, muertes y hospitalizaciones. El uso de mascarilla se extiende a todos los lugares exteriores concurridos.

En el país más pobre de la Unión Europea, varios hospitales han llegado al límite de su capacidad. Las autoridades han pedido a los estudiantes de medicina que ayuden a reforzar el frágil sistema sanitario.

Cuando la primera ola de la pandemia azotó Europa, Bulgaria fue uno de los primeros países en imponer un bloqueo, el 8 de marzo, lo que permitió mantener a raya la pandemia. Ahora, esta ya parece fuera de control.