WASHINGTON. La caverna mediática de la ultraderecha de EU y tiburones del libre mercado han azuzado las protestas contra el confinamiento con un doble objetivo: reelegir a Donald Trump como presidente en las elecciones de noviembre y seguir ganando dinero, aunque eso implique la muerte de los más débiles.

Existe enfado real y frustración entre quienes, armados hasta los dientes, han salido a manifestarse al grito de “¡Vivir libre o morir!”; pero las manifestaciones de los últimos días son fruto de teorías de la conspiración y grupos con mucho poder que desean reabrir la economía.

“No es una ola espontánea de protestas. Es algo que está diseñado para atraer la atención de los medios”, explica Theda Skocpol, profesora de Sociología de la Universidad de Harvard.

Las organizaciones que han alentado las protestas son la conservadora Fundación Heritage, que aboga por un Gobierno limitado, así como “Freedom Works” (La libertad funciona, en inglés) y “Americans for Prosperity” (Estadounidenses por la prosperidad). Estas dos últimas forman parte de la laberíntica red de grupúsculos que el multimillonario Charles Koch usa para influir en la política de EU.

“A esos grupos –indica Skocpol- les preocupa que los estadounidenses salgan de esta crisis con una mayor confianza en el gobierno y que acepten como algo bueno los subsidios de desempleo o las bajas por enfermedad. Justo, esas son todas las cosas a las que se oponen los grupos ultra del libre mercado. Su sueño es reabrir la economía y si algunos mueren por el camino, ¡pues qué lástima!”.

TEORÍAS CONSPIRATORIAS

Los discípulos del libre mercado se benefician de las protestas y las promueven, pero las webs ultraconservadoras como Infowars son quienes de verdad han sabido identificar el descontento de parte de la población y, a golpe de teorías conspiratorias, hasta instigar odio, indica el analista político Geoffrey Kabaservice.

Uno de los productos de ese movimiento es la figura del fundador de Infowars, Alex Jones, quien con un megáfono desde un todoterreno predicó teorías falsas sobre el coronavirus mientras una multitud le aclamaba en Austin (Texas).

De esa forma, las manifestaciones han atraído a una amalgama de integrantes de la extrema derecha: fundamentalistas religiosos, grupos que se oponen a las vacunas y supremacistas blancos como “Proud Boys” (Chicos orgullosos, en inglés), que la organización de derechos civiles Southern Poverty Law Center define como un movimiento de odio.

A ellos se suman milicias, de corte antisistema, y que justifican su existencia en el texto de la Segunda Enmienda constitucional que habla de una “milicia bien regulada” y el derecho a portar armas.

EXPLOTAR LAS DIVISIONES

Los integrantes de esos grupos constituyen parte de la base electoral de Trump, analiza Skocpol, quien cree que no es ninguna casualidad que las protestas se hayan producido en estados clave para las elecciones de 2020, como Pensilvania, Ohio y Michigan, donde la gobernadora, la demócrata Gretchen Whitmer, suena como la compañera de fórmula de Joe Biden.

“Hay gente que piensa, y Donald Trump es uno de ellos, que explotar las fracturas de la sociedad es la mejor forma de ser reelegido”, argumenta Skocpol.

En un intento por crear divisiones, ataviados con símbolos racistas, algunos manifestantes han reclamado su identidad rural, blanca y conservadora como la que representa el “EU real” frente a la imagen multicultural y progresista de ciudades.

PARALELISMOS AL “TEA PARTY”

Ambos creen que existen paralelismos con el inicio en 2009 de las protestas del movimiento ultraconservador del Tea Party, que fue impulsado por los mismos grupos que ahora alimentan las manifestaciones contra el confinamiento, como los multimillonarios David y Charles Koch, y que llegó a consolidarse como parte de la identidad del Partido Republicano.

“Las protestas actuales -argumenta Kabaservice- son parte del movimiento creado por Trump en sus mítines electorales, pero a diferencia del Tea Party sus ideas nunca serán aceptadas por la élite republicana porque, en una pandemia, difundir teorías falsas puede resultar literalmente en la muerte”.

Estados Unidos es uno de los países más castigados por el coronavirus. El mayor número de muertes se ha registrado en la ciudad de Nueva York, bastión demócrata, aunque los casos están subiendo en algunas zonas rurales.