ROMA – Parecía que había cardenales por todas partes, revisando sus celulares, recargados en motocicletas estacionadas, acariciando mascotas y con baberos de plástico sobre sus cruces pectorales mientras hacían fila para recibir el almuerzo en una pequeña calle afuera del Vaticano.

Florence Cooper, una turista de Vancouver, Columbia Británica, se topó con un grupo de ellos el lunes, vestidos con sus distintivas sotanas negras con botones, fajas y solideos color escarlata.

“¿Una foto?”, les preguntó Cooper, de 69 años. Pusieron sus brazos sobre los hombros de ella mientras su esposo tomaba la foto.

Sorprendida con su buena suerte, les agradeció a los italianos su amabilidad, alzó la medalla de San Cristóbal que colgaba de su cuello y les pidió una bendición. Fue entonces cuando Fausto María Rivalta, de 64 años, la interrumpió.

“Somos extras de una película”, le explicó. La sonrisa se borró del rostro de Cooper. “Pensé que eran cardenales”, dijo.

Mucha gente lo creyó también.

Esta semana, una confluencia de eminencias de imitación transitaron por las calles circundantes al Vaticano por la filmación de un drama de Netflix sobre la relación entre el papa Francisco, interpretado por su doble galés Jonathan Pryce, y el papa emérito Benedicto XVI, representado por Anthony Hopkins, durante la transición pontificia de 2013.

Roma es la sede de la Iglesia católica romana, y los sacerdotes y monjas son tan parte del tejido del lugar como las ruinas antiguas, las iglesias barrocas y, recientemente, los montones de basura apilada y los baches(a veces, incluso basura en los baches). Sin embargo, es raro ver cardenales en la calle de la ciudad, pues tienden a mantenerse resguardados en sus apartamentos, sedanes y oficinas de la curia.

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Quitando la pelusa del vestuario de Jonathan Pryce, quien interpreta al papa FranciscoCreditJason Horowitz/The New York Times

Incluso algunos funcionarios del Vaticano se confundieron un poco.

Paul Tighe, un obispo auténtico y el funcionario con el segundo cargo más importante del Consejo Pontificio de la Cultura, caminaba por la calle con una novela bajo el brazo, pero se detuvo para ver con calma cuando detectó los gorros rojos.

“Por un momento”, confesó, “traté de ver si reconocía a alguno”.

Afuera de un restaurante, Renato Friscotti, de 72 años, estaba parado entre un pequeño grupo colegiado de cardenales falsos y explicaba cómo había conseguido el trabajo.

“Nos escogieron por nuestra apariencia”, dijo Friscotti. “Tenemos largas narices aguileñas y estamos muy viejos”.

Algunos extras dijeron que se les había asignado interpretar a algún cardenal real durante el histórico cónclave que eligió a Francisco. Renato Abbate, de 74 años, un escritor, dijo que uno de esos cardenales reales pasó junto a él y sus amigos, y los vio como si estuviera midiendo a “la competencia”.

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Alfiero Toppetti, de 76 años, un extra, saliendo de un restaurante en Roma CreditJason Horowitz/The New York Times

Piensan que tienen más en común con Hopkins, quien interpreta a Benedicto XVI, y que tiene los pies en la tierra, según dicen. “Nos saluda a todos y el otro día estrechó 150 manos”, dijo Friscotti.

Los extras rodearon la columnata de Bernini, donde se pararon al otro lado de la calle frente a tres carpas, en las que se amontonaban el equipo y las estrellas de la producción.

Alfiero Toppetti, de 76 años, vestido como cardenal, se recargó contra el barandal, mirando las carpas mientras un clérigo falso a su lado hablaba sin parar.

“En el cine, cuanto menos hablas”, le dijo, “mejor”.

Actores vestidos como cardenales y monjas caminando a través de las calles de RomaCreditJason Horowitz/The New York Times

Toppetti, un actor veterano que ha aparecido en varias películas y programas de variedad italianos, se quedó quieto mientras un maquillista arreglaba su peinado y su solideo, y explicó que, proveniente de Asís, el hogar de san Francisco, no podía resistirse a la oportunidad de representar a un cardenal, aunque la paga no fuera muy buena. “Lo hacemos por amor”, dijo. “Es un sacrificio”.