Los franceses, que como es sabido carecen de abuela, la llaman “la avenida más hermosa del mundo”. De aquí a finales del 2019 novedades espectaculares justificarán ese adjetivo. Pero desde ya hay otro, indiscutible: el suelo de la avenida de los Campos Elíseos es el más caro de Europa. Cien mil euros el m2, en venta. Y hasta 23.000 euros el m2, en alquiler. Normal: un local alquilado allí reditúa 100.000 euros por m2al año. Siempre que le dé el sol, que sólo acaricia el lado de los números pares. El de los impares se ve obligado a reducir alquileres un 25% porque un 70% de los peatones opta por la solana.

 

 

En total, 300.000 personas patean diariamente la avenida: 100 millones de posibles compradores al año. Y la cuarta parte, turistas extranjeros, que en promedio gastan allí 1.391 euros. A principios del siglo XX la avenida conservaba suntuosos palacetes. Después, la clase media impuso salas de cine y showrooms de marcas de automóviles. Un paseo familiar incluía novedades motorizadas, una película y un helado en el Drugstore.

El deterioro progresivo se tradujo en cierta inseguridad, clubs de juego propiciaron duelos a tiros y una prostitución soft popularizó a jóvenes como Zahia, regalo de cumpleaños hace diez años a dos futbolistas conocidos. A propósito: la llegada de Neymar disparó el número de visitantes/compradores –un millón: un 60% más que la temporada pasada– de la tienda del PSG (Paris Saint Germain), en el número 27. ¿Los restaurantes de comida rápida invadieron la avenida con su olor graso? El dinero no tiene olor: el McDonald’s de la avenida es el más rentable del mundo: 13 millones de euros al año.

Por las nubes

El metro cuadrado se paga ya a 100.000 euros en venta y 23.000 en alquiler

Pero “la revolución está en marcha”, promete Jean-Noël Reinhardt, presidente del Comité des Champs Elysées: “Vuelven las grandes marcas, consultorías y gabinetes de abogados”. Nuevos vecinos pagan alquileres de 650/950€ el m2. El 1 de junio el norteamericano WeWork instaló en el número 92, sobre 4.500 m2, en cuatro pisos renovados con vistas al Arco de Triunfo, un lujoso espacio de cotrabajo. Y en la planta baja, Zara, siempre en los mejores emplazamientos del mundo.

La tradicional brasserie Fouquet’s, desde 1899 en el número 99, esquina con George V, y monumento nacional desde 1990, es cuartel general de la gente de cine y acoge la cena de los César, los Goya franceses. En 1998 Diane Barrière adquirió el fondo de comercio (el suelo pertenece a otro fondo, kuwaití). En el 2006 su viudo le anexó el hotel Barrière Fouquet’s. Un año más tarde, Sarkozy celebró allí su presidencia. Decisión nefasta para su imagen y la de la brasserie, que nada tenía que ver pero a la que hoy se confunde con el hotel.

 

 

Depende del lado

La zona de números pares es un 25% más cara porque le da el sol y pasa más gente

Largas colas –abundan en ella velos y burkas de turistas del Golfo– distinguen, desde el 2005, el número 101: la fachada de 1930 fue restaurada para instalar un Louis Vuitton. El interior, un atrio de 20 metros de altura y cuatro niveles, creación de Eric Carlson y Peter Morino. El ascensor es de Olafur Eliasson. Y las esculturas luminosas tubulares, de James Turrell.

Guiño a la historia: Louis Vuitton fue fundado, en 1914, del otro lado de la avenida, en el número 70. Y ya que estamos en los pares, vamos al número 114: por esos 5.500 m2, un fondo de pensiones alemán pagó 600 millones de euros. El interior, orquestado por Norman Foster, acogerá tienda y oficinas de un locatario con célebre manzana: Apple.

Su rival coreano, Samsung cuenta desde julio con un showroom –lo denomina “espacio experimental”– de 100 m2, en el número 100. Y porque a nadie le amarga un dulce y menos a un pastelero, Pierre Hermé, el Picasso de la pastelería según los japoneses, instaló café restaurante en la tienda inaugurada el otoño pasado por L’Occitane, con sus cosméticos de inspiración provenzal. Tienda y café están en el número 86, en una galería rediseñada por Jean Nouvel.

 

 

Hasta la regla de acera soleada o no tiene su excepción: el número 79 es mítico por su inmueble art déco de 1928. El nuevo propietario, el asegurador Groupama, lo alquilará por unos 14 milloncejos al año a Nike, que tendrá su bastión europeo con 3.000 m2de oficinas y otros 1.300 m2para cancha de baloncesto y de voley, además de un espacio running y otro de recepciones en terraza. Se habrá gastado 30 millones en interiorismo. Pero duplica el espacio de su rival, el Adidas Store del número 22.

Localización bien invertida

El McDonald’s de los Campos es el más rentable del mundo: 13 millones de euros al año

Más espectacular: la más ancha fachada de la avenida –del 144 al 150– alojará en el 2019 un So, hotel de lujo: 83 habitaciones –la más barata, 900€ la noche– y 17 suites, con piscina desbordante (25 m de longitud por 7 de ancho) en la terraza de 2.000 m2. Es otra novedad con futuro en una avenida que sólo se podía ver desde arriba en la visita al Arco de Triunfo o en la Terrasse Martini. Por ejemplo, cócteles y cenas ofrecerán vistas en los 700 m2que coronarán la primera incursión de las Galeries Lafayette fuera del bulevar Haussmann.=

 

 

La irrupción desmesurada corre a cargo del arquitecto danés Bjarke Ingels. Nada menos que 10.000 m2en el número 52. Serán las nuevas galerías Lafayette en la estructura de un edificio art déco de 1932. La apertura está prevista en marzo próximo.

Entre el restaurante de Lafayette y sus plantas comerciales, las oficinas de Chanel tampoco soportarán estrecheces: ocuparán otros 10.000 m2. Y en la planta baja seguirá el supermercado más urbano, Monoprix, sustentado por su volumen de negocio de 45 millones de euros al año.

Si desde 1995, con el cierre de siete salas de espectáculos, la avenida perdió el equivalente a 3,5 millones de entradas, actualmente MK2 construye un nuevo centro, de cinco plantas y 1.066 plazas, divisible en treinta minisalas. Además del inamovible cine Balzac, a veinte metros de la avenida, en la calle dedicada al autor de La Comedia Humana –último templo del cine de arte y ensayo de la zona y quizá también último ejemplo de una sala de propietario–, se perfila un nuevo triángulo de oro del ­espectáculo.

El Théâtre de la Ville recuperó para la danza el Espace Cardin, en lo que es algo así como el kilómetro cero de los Campos Elíseos. El Théâtre du Rond Point emergerá en octubre de un buen lavado de cara. Y, sobre todo, en noviembre reabre el Marigny, propiedad de François Pinault. Su nuevo director es Jean-Luc Choplin, el hombre que hizo del Châtelet el primer centro creativo europeo de comedias musicales, importadas incluso por Broadway. Sin olvidar el histórico Théâtre des Champs Elysées. Ni su pequeña sala en subsuelo, dedicada a comedias ­populares.

 

 

En fin, y mientras los ecologistas reclaman que se transforme en permanente el efímero estado peatonal de la avenida Winston Churchill, que separa el Grand Palais del Petit Palais, hoy reducido a la semana de la FIAC (la feria de arte contemporáneo), ya es inamovible el domingo mensual sin automóviles de la avenida de los Campos Elíseos. Protestado como lo quiere la tradición parisina en el 2016, cuando lo impuso el Ayuntamiento, hoy es aplaudido. Tampoco hay quejas por otro regalo de la alcaldesa socialista Anne Hidalgo a los ediles opositores al frente del distrito de los Campos Elíseos: ­wifi gratuito en todo su espacio desde el 2015.

Municipal, también, la decisión de instaurar desde diciembre del 2019 dos carriles para ciclistas, uno que remontará la avenida hacia el Arco del Triunfo y otro que la descenderá.

También se trataría de multiplicar acontecimientos culturales e incluso de convencer a propietarios de locales de dar facilidades a jóvenes chefs para que abran restaurantes tendencia. El mismo estudio urbanístico que lo preconiza pide plantas en edificios icónicos para proyectos culturales. Y más terrazas de bares, “para que a pie de avenida no haya solamente locales comerciales”.

Última renovación: con la teatral iluminación de las fiestas volverán a echar agua las seis fuentes del Rond-Point, secas desde hace dos décadas. Objeto de una puesta al día que ha costado 4,2 millones de euros –3,9 a cargo de mecenas– y que lleva la firma de dos célebres diseñadores: Ronan y Erwan Bourroullec.