Lidia Esperanza: en el umbral de los 100 años y con un espíritu quinceañero

En diciembre cumplió sus 99, y, contrario a lo que algunos pueden creer, en la fiesta que le hizo su familia, ella bailó con hijos y nietos. Se mostró como el ‘primer guandul’.

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Lidia Esperanza Vilorio Ubiera de Morales acaba de cumplir 99 años, y ya está preparada para celebrar sus 100. Está segura de que todavía le quedan años por vivir y ella está para disfrutarlos.

Ella ama a Dios por encima de todo, y así dice tiene sentimientos hacia sus hijos, descendientes y demás familiares. Al parecer es el amor el que la mantiene de pie, pues muestra un gran afecto a sus hermanas de la Iglesia, a sus vecinos y a todo el que la trata o la saluda. Siempre les desea bendiciones y les regala una dulce sonrisa. Es una mujer de mucha paz y eso les transmite a los demás.

Su historia se publica porque ella siempre ha soñado con salir en el periódico dando consejos a la gente sobre los beneficios de llevar una vida en paz y con amor para durar muchos años de vida.

Doña Lidia, como todos la conocen, tiene 10 hijos, 32 nietos, 39 biznietos y dos tataranietos. Hasta hoy, su descendencia es de 83 personas, de las cuales están vivas 79. Tiene otros cuatro hijos que asumió como suyos.

Le sobreviven dos de 14 hermanos: Miledys y Mery Vilorio Ubiera. Sus padres fueron Edelmiro Vilorio y Jovina Ubiera, de Guayabo Dulce, municipio de Hato Mayor del Rey.

Al verla tan en salud y alegre, su familia no pierde tiempo en agradecer a Dios por su bienestar y larga vida. También le implora que le permita celebrar otros cumpleaños con la plenitud que tenía en su reciente festejo.

“Damos gracias al Señor por la fructífera vida de nuestra madre, por la fortaleza de su espíritu, por su inmenso amor, por la excelente crianza que nos dio, inculcándonos valores cristianos. Ella es la mejor madre que ser humano pueda tener, de la cual nos sentimos orgullosos, afortunados y premiados por Dios”, es lo que coinciden en decir sus seres queridos.

Es un ser de una fe profunda y firme, desde siempre orando a Dios por sus seres queridos y por los demás. Le gusta mucho pasear, abrazar, dar besos, compartir con su familia, contar historias y leer todo texto que llega a sus manos.

Mamá Lidia, como también le dicen sus familiares, camina bien, se baña y viste sola y come con entusiasmo. Antes de cada comida pide a Dios bendecir los alimentos, las manos que los prepararon y que le dé pan al que no tiene, y al terminar de comer siempre dice: ¡todo está sabroso! (aunque no esté tan bueno); luego es automático que pide un dulcito.