Rubén Segal fundó el estudio jurídico que lleva su apellido en 1960. Profesor de la UBA, autor de numerosos libros, es considerado uno de los mayores expertos en derecho empresarial. Actualmente reside en Ginebra desde donde asesora a varias multinacionales y, desde ese punto de observación, advierte el surgimiento de las empresas zoombies, como otra cara de la invasión rusa a Ucrania. Llama la atención sobre el fin del optimismo económico.

“Pandemia y guerra se han cruzado y son contemporáneas desde solo hace unos tres meses, pero ya han causado un infarto en la economía mundial y desafiado la adopción de medidas de estabilización altamente dilemáticas”, le dice a Clarín.

-¿Son efectivas las sanciones a Rusia?

-Las medidas económicas jamás han ganado guerra alguna, pero se ha imaginado que la aplicación de esas sanciones aislaría a Rusia del sistema financiero internacional y le acarrearía un enorme coste económico. En rigor, no han causado mayores dificultades más allá del impacto inmediato de relativo efecto como fue la devaluación del rublo, la caída de los precios de los bonos y el desprendimiento por parte de los Fondos occidentales de sus tenencias accionarias y participaciones en empresas rusas.

-¿Se esperan medidas más drásticas?

-La palabra “sanciones” ha pasado a tener un sentido más bien metafórico. El congelar, incautar, embargar o confiscar fondos, bienes, inmuebles, yates, cuentas, acciones, y excluir a Rusia del sistema Swift trabando sus pagos e intercambios financieros, no ha resultado suficiente ni eficiente. Por su parte, Rusia ha ordenado contramedidas efectivas. Ha obligado a que los países que considera inamistosos le paguen sus compras de petróleo y gas con oro o rublos al cambio que sus bancos establezcan. La medida, dispuesta en violación de los contratos suscriptos, ha despertado estentóreas protestas de los países importadores. No obstante, éstos en su gran mayoría, han realizado los pagos en la forma exigida. Calladamente.

Un helicóptero ruso derribado en la región de Járkov. Foto AP

Un helicóptero ruso derribado en la región de Járkov. Foto AP

-¿Y el embargo al petróleo ruso?

-La UE y otros países han considerado que atento a la marcha del conflicto debían agravar las sanciones. Se programó un sexto paquete con el fin de prohibir a su vez, gradualmente, la compra de petróleo a Rusia, medida no concretada aun por la resistencia de Hungría al ser totalmente dependiente de dicho suministro. El petróleo sigue fluyendo a la UE. Pero está produciendo un insólito efecto. Recientes estudios de expertos alemanes han demostrado que los ingresos de petróleo y gas de Rusia alcanzaron un récord histórico en abril, y además que, en solo cuatro meses, recibió el 50% de los ingresos planificados por dichos productos para todo el 2022.

El juego de medidas y contramedidas con este sensible insumo ha llevado el precio del petróleo al nivel más alto en una década. Los ingresos de los exportadores han aumentado considerablemente. Precisamente es lo que esperaba Putin. En cambio, la UE se disparó en el pie … e hizo sangrar al mundo. Imperdonable.

-Hay quienes hablan de una guerra económica mundial…

-El PBI global ha cedido el impensable porcentaje de cerca del dos por ciento según el FMI, y muchos países viven una economía de guerra. Las empresas resultan también víctimas de esta coyuntura de parálisis, destrucción y muerte. Indefectiblemente el mercado hace una selección darwiniana por lo que quedan en él solo las empresas mejor dotadas, adaptables y capaces de proteger su integridad ante presiones externas como las existentes. Las más lábiles corren riesgo de permanencia. En China, la recurrencia del flagelo de la pandemia ha generado un estricto, inflexible e inviolable confinamiento a decenas de millones de habitantes, en el cual, incomprensiblemente, se insiste como solución, sin atender justificadas y científicas críticas. Las empresas, particularmente las del sector productivo y de logística, se hallan en parálisis operativa y financieramente ahogadas.

Los países que se hallan directamente en conflicto tienen como víctimas a sus propias empresas. Solo se han puesto a salvo algunas grandes y mejor capacitadas, mientras el tejido de las pequeñas y medianas y los emprendimientos individuales sucumben o sucumbirán ante la destrucción o el ahogo.

Las más veloces han huido precipitadamente de Rusia y han alcanzado el tren del éxodo.

Un avión sueco sobre el mar Bálatico. Foto AFP

Un avión sueco sobre el mar Bálatico. Foto AFP

-Hay muertes de empresas…

-Hay casos de muerte súbita como el de Gazprom, domiciliada en el Cantón de Zug en Suiza, ocurrida a días de iniciada la invasión rusa, que ni siquiera pudo presentar un plan, abandonando la obra faraónica que estaba llevando a cabo. Por último, otras empresas, no pocas, zombificadas, seguirán vagando por el mundo… a la espera.

-En el plano mundial la seriedad de la situación actual ha borrado el optimismo económico.

-Varios países, más allá de la confesada insolvencia de Yemen y Sri Lanka, y hasta la propia Federación Rusa se hallan en alto riesgo de default. Una densa nube inflacionaria disemina sus nefastos efectos sobre la economía y las sociedades del mundo entero deteriorando irremisiblemente el poder adquisitivo del salario y de los consumidores en general. Las tasas han llegado ya a cifras que no se conocían desde hace décadas: en EE. UU. han trepado al ocho por ciento, e iguala la media actual de Europa, y en ambos extremos del Atlántico se sienten los nefastos efectos tanto en la producción como en el consumo: las dos turbinas que mueven la economía del mundo. El impacto de los precios mundiales de los alimentos y de la energía afecta particularmente a las sociedades más carenciadas y vulnerables y causan estallidos sociales como el que está ocurriendo en estos precisos momentos en Sri Lanka, lo cual trae a su vez desequilibrios políticos.

-El panorama no parece muy alentador…

-En las bolsas internacionales repercute dicha realidad; son más los inversores que salen que los que entran, y hay más perdedores que ganadores; consecuencia del espanto causado por el estrépito de la caída en los índices accionarios, de los de bonos y hasta de ciertos commodities.

En el comercio internacional pareciera abandonarse la globalización ante el retorno, parcialmente, a un proteccionismo que algunos limitan a lo alimentario. Es que, algunos países, para evitar posibles penurias alimentarias y o mantener controlado el incremento de precios por la inflación local e internacional, imponen prohibiciones a la exportación de productos. El nuestro, anticipándose a la guerra, ya había prohibido la exportación de cortes de carne vacuna, con probabilidad de extenderlo a otros productos. En tanto, Rusia hace lo propio con doscientos productos manufacturados; Ucrania lo ha hecho respecto al trigo como su agresor, y otros productos; Vietnam y la India, con el arroz; Indonesia, con el aceite de palma; y Kazajstán, también con trigo y harina, etc.

Las perspectivas económicas inmediatas a nivel mundial no son predecibles por lo inédito de la disrupción causada por la pareja de flagelos.

PB